Si bien aclaró que “cada gobierno de cada país con base en sus posibilidades y a sus maneras de pensar puede definir” en qué invertir, “es claro que países como la Argentina pero también países como Brasil, Bolivia, toda la región, tiene que apostar a la ciencia y a la tecnología, porque la nueva industrialización va a ser la utilización de la inteligencia artificial”.
Ya en su rol como funcionario de la CAF, adelantó que tienen pensado “duplicar el financiamiento en los próximos años a los países de la región en los proyectos que necesitan”. Y ahondó: “Hoy estamos prestando unos 15.000 millones al año. En el 2030 estamos pensando en llegar casi a u$s30.000 millones”.
Respecto a Argentina, explicó que “se le presta unos u$s1.000 millones al año aproximadamente”, monto que “podría crecer un 5-7%, dependiendo de cómo estén los pagos de capital de cada uno de los países”.
“Los gobiernos locales son la punta de lanza de todas las políticas que podés desarrollar después a nivel global”
Periodista: Dentro de las siete claves que identificás para lograr el desarrollo sostenible en la región, ¿cuáles te parecen los más prioritarios?
Christian Asinelli: La integración (regional), porque después te ayuda a ordenar los demás. Tener una visión de América Latina y el Caribe en conjunto para saber cuales de estos temas tenés que ir priorizando para poder generar este desarrollo en temas de comercio e infraestructura. Pero tenés que cuidar el medio ambiente, no podés descuidarlo. Si vas a hacer obras de infraestructura, no podés destruir un bosque, entonces tenés que buscar la manera de cómo ir concatenando todos estos ejes de desarrollo con una visión holística de integración regional. Y para tener esa visión de integración regional se necesita también que los distintos ámbitos de integración puedan cumplir con sus misiones. Ahí hay toda una parte que está en el capítulo primero, que tiene que ver con la modernización y el fortalecimiento de las capacidades de los estados nacionales y subnacionales, pero también de los ámbitos de integración, que después nos permitan poder pensar en conjunto a largo plazo de estas cuestiones que están planteadas en el libro.
P.: A lo largo del libro haces referencia a la importancia de los gobiernos locales para el desarrollo, ¿podrías ahondar en eso?
C.A.: Aproximadamente hay 18.000 gobiernos locales en América Latina y el Caribe. Son los espacios donde se toman las decisiones de política pública y donde se implementan. Porque es donde tenés que hacer la cuadra, la obra de infraestructura, donde tenés que generar educación, salud, dar bienes y servicios públicos. Donde la democracia le puede dar un ‘delivery’ y resultados a los ciudadanos para que sientan que es el sistema en el cual están queriendo vivir, que ese es el sistema en el cual se están desarrollando y se pueden desarrollar. Los gobiernos locales son la punta de lanza, el sostén, de todas las políticas que podés desarrollar después a nivel global. Esto requiere mucha cabeza para pensar lo regional y lo local al mismo tiempo. Mientras pensás lo regional, ¿cómo haces para que, desde lo local, que es el lugar desde donde se llevan adelante las propuestas que planteas a nivel regional, poder generar los equilibrios para que puedas desarrollar los planes, los programas y los proyectos? Porque, al final, todo eso que tiene que bajar a ideas, las ideas tienen que bajar a programas específicos que después los puedas ejecutar. Ahí está no solamente la parte territorial, sino también la necesidad de conformar equipos interdisciplinarios que después puedan llevar adelante esta visión holística para evitar que donde arregles una cosa, desarregles otra. Tenés que poder tener la capacidad de pensar de manera global.
“La transición energética en nuestra región tiene que ser justa”
P.: ¿Es posible conciliar el desarrollo industrial con el desarrollo sostenible? Porque en muchas ocasiones se plantea que para el desarrollo productivo, América Latina se tiene que apalancar primero sobre la explotación de sus recursos naturales.
C.A.: Soy de los que creen que para la transición energética en nuestra región, que es un poco el apalancamiento de los recursos naturales, tiene que ser justa, porque no es una transición energética como en otras regiones del mundo donde ya alcanzaron niveles de desarrollo donde la pobreza y la inequidad es menor. Nosotros tenemos el doble desafío de, como decía el Papa Francisco, una crisis ambiental y social. La tenemos que mirar de manera holística, para poder utilizar los recursos naturales y hacer esta transición, sabiendo que vamos hacia un lugar donde vamos a emitir menos gases de efecto invernadero y a tratar mejor el medio ambiente. Para nuestra región, por ejemplo, utilizar el gas es una variante no solamente necesaria, sino casi imprescindible, para bajar las emisiones de efecto invernadero y dejar de utilizar combustibles sólidos. El gas genera menos emisiones de efecto invernadero, y a la vez se pueden utilizar esos recursos que genera para bajar los precios, mejorar la competitividad, generar exportaciones y divisas, y luego con esas divisas poder hacer programas sociales, programas educativos. Por eso hay que mirarlo en el conjunto, no es solamente explotar los recursos naturales, es utilizar los recursos naturales de la mejor manera posible para que, con un plan, con un programa y con proyectos, se pueda después bajar mucho más las emisiones, pero también bajando la pobreza, la inequidad y generando más condiciones educativas.
“Estamos obligados a mirar qué pasa en otros lugares del mundo y utilizar nuestros recursos de manera inteligente”
P.: ¿Qué regiones o países se podrían tomar como ejemplos de desarrollo sostenible a imitar para América Latina?
C.A.: Obviamente, tenés que ver lo que está pasando en el mundo con el sistema multilateral, la geopolítica, la geoeconomía y las guerras comerciales. No estamos aislados del mundo. Por ejemplo, en el tema medioambiental, emitimos el 8 o 9% de los gases de efecto invernadero, pero sufrimos las consecuencias del aumento de la temperatura de los océanos, de los huracanes, las islas del Pacífico, o la catástrofe que están pasando en la región desde el punto de vista de inundaciones, sequías, que son cada vez más fuertes y más recurrentes. Eso quiere decir que no hay fronteras, y entonces estamos obligados a mirar qué pasa en otros lugares del mundo y utilizar nuestros recursos de manera inteligente, pero de manera organizada e integrada. Porque, por ejemplo, Argentina puede tener mucho gas, pero si no lo exporta quizás le sobra, y entonces termina no siendo lo suficientemente eficiente todo ese gas que tenés en Neuquén, en Vaca Muerta. Todo lo que tiene que ver con las costas también, por ejemplo: ¿cómo utilizás esa riqueza que hay en las costas? ¿Pescás sin importarte después cómo volvés a generar producción, lo hacés de manera industrial, sin tener en cuenta a los pequeños productores que lo hacen de manera artesanal y que también es una manera de vida? Obviamente, no es simple, pero cuando te sentás en la mesa tenés que tratar de poner todos los elementos y ordenar el rompecabezas de manera tal de que no armes algo y destruyas otra cosa. Tenés que tener para eso una mirada de largo plazo y tener los planes, los programas, los proyectos y los equipos para llevarlo adelante y saber hacia dónde vas.
“Si queremos generar más desarrollo, necesitamos una base tecnológica porque ese es el mundo que se viene”
P.: Otro elemento importante dentro de tu análisis en el libro es la importancia, además del desarrollo industrial, del aumento de la inversión en ciencia, tecnología e innovación, ¿cómo ves el caso argentino? Teniendo en cuenta la caída de la producción industrial y el desfinanciamiento de las universidades y el Conicet.
C.A.: No me meto en cuestiones de lo que hace o deja de hacer el gobierno. Lo que te puedo decir, desde el punto de vista de lo que está en el libro, y de mi mirada personal sobre estos temas es que, por ejemplo, Estados Unidos aplica e invierten un 3,5% de su PBI en ciencia y tecnología. Los países de la OCDE un 2,2%. Y los países de América Latina y el Caribe menos del 1%. Es claro que cuando te mirás en el espejo de lo que te gustaría hacer y querés ser un país desarrollado, ves que ellos apuestan a la ciencia y a la tecnología. Para mí es claro que países como la Argentina pero también países como Brasil, Bolivia, toda la región tiene que apostar a la ciencia y a la tecnología, porque la nueva industrialización va a ser la utilización de la inteligencia artificial y tener una buena base de ciencia y tecnología nos va a ayudar a que los empleos del futuro que al final van a ser lo que le va a dar la dignidad a las personas que van a trabajar y que se van a desarrollar. La clave hoy en el mundo es la ciencia y la tecnología, eso nadie lo puede dudar. Después uno puede decidir invertir más o menos, eso es una definición que cada gobierno de cada país con base en sus posibilidades y a sus maneras de pensar puede definir, pero lo que está claro es que los grandes países del mundo invierten muchísimos recursos en ciencia y tecnología y que si queremos generar más desarrollo necesitamos una base tecnológica porque ese es el mundo que se viene.
“Somos muy respetuosos de lo que quieren los países a la hora de financiarse y no imponemos ni recetas ni temas”
P.: ¿La CAF está planteando aumentar el financiamiento en la región sobre estas áreas?
C.A.: Nosotros tenemos pensado duplicar el financiamiento en los próximos años a los países de la región en los proyectos que necesitan. Cada país tiene necesidades distintas y aplica el financiamiento internacional a los temas que quieren. Si me preguntás a mí, sí creo que deberían financiar más proyectos de ciencia y tecnología, absolutamente. Desde la CAF y de la responsabilidad que tengo como Vicepresidente Corporativo de Programación Estratégica, nosotros somos muy ordenados con cuáles son las necesidades y cuáles son los intereses de los países de financiamiento con los organismos multilaterales. No imponemos y no le decimos ‘tienen que financiar más esto’. Cada país define cómo se financia porque no se financian solamente con CAF, se financian con otros organismos multilaterales y a veces los países van eligiendo:” Este proyecto lo hago con CAF, este proyecto lo hago con el BID, este con el Banco Mundial, este con el Banco Asiático, etc.”. Somos muy respetuosos de lo que quieren los países a la hora de financiarse y no imponemos ni recetas ni temas.
P.: ¿Cómo es la relación de la CAF con los otros organismos de crédito?
C.A.: Las necesidades de financiamiento de América Latina y el Caribe son infinitamente mayores a las que hoy en día pueden financiar los bancos de desarrollo. En temas de brechas de infraestructura tenés unos u$s400.000 millones al año en obras que tenés que hacer en la región y todos los bancos de desarrollo juntos aportan u$s45.000 millones, entonces lo que a veces desde afuera se ve como una competencia generalmente es una complementariedad. De hecho, nosotros co-financiamos con otros bancos un montón de proyectos. El Metro de Quito que hemos terminado hace muy poco tiempo era una obra de infraestructura que era imposible que la financiáramos solos, la tuvimos que hacer con el Banco Mundial, con el BID, con el Banco Europeo de Inversiones. La mayoría de las veces hay coordinación y complementariedad en los proyectos.
“A Argentina se le presta unos u$s1.000 millones al año y puede ir creciendo todos los años de acá al 2030”
P.: ¿Esa duplicación de los montos de la CAF en qué tiempo sería?
C.A.: Hasta el 2030. Nosotros en el 2021 hicimos una capitalización de u$s7.000 millones, que los países van pagando. A medida que se va pagando esa capitalización todos los años, vamos creciendo al 7% más o menos, entonces hoy estamos prestando unos 15.000 millones al año. En el 2030 estamos pensando en llegar casi a u$s30.000 millones.
P.: ¿Están en negociaciones con el gobierno argentino para un nuevo crédito?
C.A.: Nosotros tenemos una agenda con el gobierno argentino, con todos los gobiernos, que se llama “pipeline” de proyectos. Ahí todo el tiempo el gobierno nos dice “necesitamos estos proyectos” y nosotros lo vamos haciendo. Es algo normal para nosotros estar constantemente negociando con los gobiernos de la región sobre temas de financiamiento.
P: ¿Se discute la posibilidad de aumentar el monto disponible de Argentina para solicitar créditos en el marco de este aumento?
C.A.: Así como los países están pagando la capitalización, cada año pueden tener acceso a más financiamiento. Como estamos haciendo crecer la torta entonces esto favorece a todos los países, incluido Argentina y al resto de los países de la región. A Argentina se le presta unos u$s1.000 millones al año aproximadamente y puede ir creciendo todos los años de acá al 2030 por esta capitalización que hicimos que está siendo tan exitosa. Podría crecer un 5-7%, dependiendo de cómo estén los pagos de capital de cada uno de los países.
Fuente
Ambito